Showing posts with label Axel Valdez. Show all posts
Showing posts with label Axel Valdez. Show all posts
Monday, September 17, 2012
Los Hipócritas
Por Axel Valdez
Cada día nos guardamos las barbas, nos ponemos los zapatos, nos fajamos la camisa. Le sonreímos al compañero insoportable en el estacionamiento. Nos reímos con los chistes del jefe. Tenemos una charla casual con el que siempre trata de jodernos. Levantamos la mano en las reuniones. Hacemos observaciones inteligentes con cuidado de no ofender a nadie. Hacemos nuestro trabajo de ocho a cinco y lo hacemos bien. De vez en cuando nos ascienden, nos aumentan el sueldo, nos dan una palmadita en la espalda.
Somos los que hace diez años condenábamos al capitalismo. Los que vestíamos camisetas negras deslavadas, aretes y pulseras punk. Somos los incorruptibles, los orgullosos, los rebeldes.
Somos los que le dimos las nalgas al sistema.
Somos los hipócritas.
Tuesday, September 11, 2012
Tres Cigarros.
Axel Valdez
No teníamos nada. La sala era un sillón que ya estaba allí cuando llegamos. Tenía los resortes hundidos de un lado, pero estaba al chingazo para pasar el rato. La cocina era una parrilla eléctrica que encontré en un tianguis una vez y que pusimos arriba de una java de madera que hacía las veces de alacena. Dormíamos encima de un par de cobijas, y si hacía frío quitábamos una y nos la echábamos encima.
La neta, nunca nos agüitamos. O no sé, a lo mejor mi morra sí, pero nunca dijo nada. Yo era bien feliz pasando las noches hablando de las rolas que nos gustaban, de cuando estábamos morritos, o de las cosas que íbamos a hacer cuando tuviéramos dinero.
Hablábamos por turnos mientras fumábamos cigarros de los más baratos: Boots, Faros, Alitas, lo importante no era que estuvieran buenos, sino poder comprar más. Cuando estás así de jodido tienes que asegurarte de siempre tener cigarros, porque en esos días en los que no hay ni para sopas Maruchán, cuando ya no tienes ni madre qué comer, tres cigarros seguidos te revuelven el estómago y te quitan el hambre.
Ah, mi morra. Si me la encontrara ahorita, después de todo este tiempo, no le diría nada. Ni siquiera le preguntaría por qué no se despidió. Cuando tocas fondo las reglas son diferentes.
Tuesday, August 21, 2012
Invencible
Axel Valdez
| Ilustración: Axel Valdez |
Cada sábado era especial. A la una de la tarde empezaba "Los Invencibles del Ring" en el cuatro, y todos en la familia sabían que por las siguientes dos horas la tele Phillips blanco y negro con pantalla de doce pulgadas era mía. Lo mejor era cuando ponían una película de El Santo. El enmascarado de plata era el rey de todos los luchadores. Sin importar si lo atacaban momias, monstruos o extraterrestres con pistolas de rayos, El Santo siempre salía victorioso. Al Santo nadie le ganaba.
A veces después de la película estaba tan emocionado que luchaba con mi papá. Le pegaba en el pecho con la mano abierta, como los luchadores profesionales, y él inevitablemente caía en la cama grande. Saltaba desde la otra cama en una espectacular plancha, poniéndolo a espaldas planas contra la "lona". Siempre terminaba con una doble nelson, con eso él se rendía quejándose del enorme poder de mis bracitos de seis años.
— Papá, ¿hay alguien que le gane al Santo? —Le pregunté un domingo mientras cenábamos en el comedor de cuatro puestos.
— El Santo se la pela — respondió, dejándome boquiabierto — Yo le gané una vez.
No pedí mayores explicaciones porque no las necesitaba. Estaba sorprendido. Yo le ganaba en las luchas al único hombre en el planeta que le podría ganar al Santo.
Ese lunes, de camino a la escuela, crucé sin miedo las calles donde los cholos siempre me querían quitar mis cosas. Ese día el mundo fue mío. Ese día ya sabía que yo era invencible.
Thursday, August 16, 2012
Niño Perdido
Por Axel Valdez
Tengo cinco años, y por alguna razón estoy saliendo de la escuela una hora
antes. Mi casa está del otro lado del mundo. Cruzo el portón de la escuela y
me paro en la banqueta. Miro a ambos lados y me quedo paralizado por varios
minutos. Nunca he estado en el mundo solo. No tengo idea de cómo llegar a la
casa y aunque la tuviera ¿cómo llega un niño de 5 años al otro lado del mundo?

Sigo paralizado por un rato y por alguna razón decido que lo mejor será darle
una vuelta a la manzana. Camino. Le doy una segunda vuelta. A la tercera
vuelta me empiezo a dar cuenta de que no se qué hacer, y el miedo empieza a
aumentar. Le doy una cuarta vuelta con los ojos llorosos. A la quinta vuelta me
siento en la banqueta, atrás de la escuela, a llorar.
Unos tenis sucios se paran frente a mí. Levanto la vista y veo que es
alguien grande, de unos diez años, y que ha dejado su bicicleta acostada en la
orilla de la calle, al lado de sus cinco o seis amigos grandes de también unos
diez años y con bicicletas. Me pregunta por qué lloro, le explico que no sé como
llegar a mi casa, que está bien lejos, que mis papás no saben que salí temprano
de la escuela.
La pandilla de adultos decide darme un aventón. Me preguntan dónde
vivo y yo sólo sé que en la esquina de mi casa hay un taller de máquinas para
sembrar, frente a unas parcelas. Uno de ellos grita "yo sé dónde es", y me dice
que me suba "en los diablos".
Me trepo en la bicicleta y durante más de una hora recorremos la colonia.
Damos vueltas, perdemos el camino, desandamos lo andado y tomamos nuevas
calles en lo que es ya más una aventura que un aventón a casa. Hasta se me
olvidan los grandes problemas que tenía hace un rato.
Por fin, en una vuelta, reconozco mi casa a lo lejos. Les grito que ahí es,
y me dejan en la puerta. Cuando entro a la casa encuentro a mis papás con cara
de susto: ella después de irme a buscar a la escuela, y él después de salirse
del trabajo ante las llamadas histéricas acerca de un hijo perdido. Han pasado
dos horas después de mi hora de salida habitual. Gritan regaños mientras me
abrazan con alivio. En cuanto puedo les cuento de mis salvadores, pero estos ya
hace rato desaparecieron.
Subscribe to:
Posts (Atom)